3.2.09

KAVAFIS O EL DESEO


Constantino Kavafis —Alejandría, Egipto, 1.863-1.933— es, extrañamente (o no), uno de los poetas que más ha apelado a la historia para componer las escenas y los personajes de sus poemas.
Pero, el resultado —en algunas de sus piezas maestras— es un erotismo inusual, que apela a la evocación, a la recreación del deseo mismo en el poema: la memoria del cuerpo.
¿Habrá tal cosa?
«Cuerpo, recuerda»— escribe Kavafis o pide: «Arte de la poesía, tráeme esta noche el mayor número posible de recuerdos».
Y el deseo, tan inasible como poderoso, sigue temblando en el poema.


DONACIONES

Me siento y sueño...
Mi donación al arte
está hecha de sensaciones y deseos...
algunos rostros o líneas entrevistos
vagas memorias de amores incumplidos...
Mejor que me abandone al arte.
El sabe dar cierta forma a la belleza,
completando la vida
de modo casi imperceptible,
combinando las impresiones
combinando los días...


HE IDO

No tengo ligaduras;
me abandoné del todo.
He ido en la noche iluminada
hacia goces que eran mitad reales
mitad elaborados por mi espíritu.
Y he bebido un vino fuerte
como beben aquellos
que se entregan valerosamente al placer.


MELANCOLÍA DE JASÓN, HIJO DE CLEANDRO, POETA EN COMAGENO, 595 DESPUÉS DE CRISTO

Mi cuerpo, mi figura que envejece:
heridas de un temible cuchillo...
No estoy de ningún modo resignado.
Es a ti a quien recurro, Arte de la Poesía,
ya que conoces algunos remedios...
Tentativa para adormecer el dolor
por la imaginación y por el verbo.
Heridas de un temible cuchillo...
Suministra tus remedios, Arte de la Poesía,
que impiden (por un tiempo) sentir la herida.


JURAMENTO

Con frecuencia se promete, reformar su vida.
Pero cuando llega la noche con sus tentaciones
sus componendas, sus promesas;
cuando llega la noche, con su fuerza propia,
hecha de impulsos del cuerpo que quiere y exige,
extraviado, se entrega a la alegría fatal de siempre.


CLAROSCURO


Mirando un ópalo de tintes grisáceos,
recordé dos bellos ojos gises

que vi hará unos veinte años.
Nos amamos durante un mes.
Después se fue.
A Esmirna, creo,
donde tenia trabajo,
y nunca nos volvimos a ver.

Deben haber perdido su belleza
(si vive todavía), los ojos grises.
El bello rostro se habrá afeado.

Memoria mía, guárdalos tal como eran antaño..
Memoria de este amor,
tráeme de esta noche
el mayor número posible de recuerdos.


AL MISMO LUGAR

Ambiente de la casa, de los cafés,
del barrio que tengo bajo los ojos
y que frecuento todo el año;
te he creado de mi alegría y mis penas,
gracias a tantas circunstancias e incidentes,
que ahora estás para mí cargado de sentido.


CUERPO, RECUERDA...

Cuerpo, recuerda, no solo el ardor
con el cual fuiste amado;
no sólo los lechos sobre los cuales
te has acostado, sino esos deseos
que brillaban por ti en los ojos
y temblaban en los labios,
y un obstáculo fortuito
ha impedido que se cumplan...
Ahora que todo eso pertenece al pasado,
casi parece que te has abandonado a ellos...
Cuerpo, recuerda esos deseos
que por ti brillaban en los ojos
y temblaban en los labios.


Versiones de Juan Carvajal

Nota relacionada:
KAVAFIS O LA MEMORIA DEL CUERPO

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